domingo, 10 de abril de 2011
Un chico normal
Esta vez a Salvador Sostres. ¡Válgame Dios!
Un chico normal
El chico rumano de 21 años que ha estrangulado a su novia embarazada, también rumana, de 19, “era un chico normal”, según han dicho de él sus vecinos y conocidos. “Discutían como cualquier pareja”, ha explicado la madre de la víctima. Después de cometer el crimen –o de presuntamente cometerlo, hasta que no se celebre el juicio- el chaval, horrorizado por lo que había hecho, telefoneó a su padre a Rumanía y le mostró el cadáver de su novia muerta a través de una webcam.
Porque un chico normal de 21 años que está enamorado de su novia embarazada, es normal que pierda el corazón y la cabeza, el sentido y el mundo de vista, si un día llega a casa y su chica le dice que le va a dejar y que además el bebé que espera no es suyo.
Ni puedo justificar ni justifico un asesinato, ni cualquier forma de maltrato tenga consecuencias más leves o más graves. No pienso que haya causas morales que puedan justificar matar a alguien, ni que puedan servir siquiera de atenuantes en el juicio. Digo que a este chico les están presentando como un monstruo y no es verdad. No es un monstruo. Es un chico normal que se rompió por donde todos podríamos rompernos
Porque hay muchas formas de violencia, y es atroz la violencia que el chico recibió al saber que iban a dejarle y que el niño que creía esperar no era suyo. No te causa la muerte física pero te mata por dentro y aquel día algo de ti muere para siempre. No justifico lo que hizo, ni creo que se pueda justificar, pero no es un monstruo: es un chico normal sometido a la presión de una violencia infinita, una violencia que no por no ser física es menos violenta; un chico que luego tuvo una reacción terrible, inaceptable e inasumible, criminal, y que no sólo terminó con la vida de su novia y la de la criatura que esperaba sino que terminó, en cierto modo, con la suya propia.
Espero que si algún día me sucede algo parecido disponga del temple suficiente para reaccionar quemándome por dentro sin que el incendio queme a nadie más. Pero me reconozco en el dolor del chico, en su hundimiento, en su caída al fondo de sí mismo oyendo las explicaciones de su novia. Me reconozco en su desesperación, muy normal y nada monstruosa: en su herida, en su desgarro. Quiero pensar que no tendría su reacción, como también lo quieres pensar tú. Pero ¿podríamos realmente asegurarlo? Cuando todo nuestro mundo se desmorona de repente, cuando se vuelve frágil y tan vertiginosa la línea entre el ser y el no ser, ¿puedes estar seguro de que conservarías tu serenidad, tu aplomo?, ¿puedes estar seguro de que serías en todo momento plenamente consciente de lo que hicieras?
Que la justicia dicte su sentencia y que sea tan severa como tenga que ser. Ante un asesinato no hay causas morales. Pero este chico no es un monstruo. Es un chico normal disparado al centro de su querer, arrancado a la vez de su novia y de su hijo, sometido a una violencia brutal que al no ser física nunca se considera pero que ahoga y machaca lo mismo que cualquier otra violencia.
Hay muchas formas de violencia. La mayoría de los que escriben y leen sobre sucesos ignoran cómo a veces el amor se convierte en escoria y en desgracia y se abraza desesperadamente a la tragedia.
jueves, 13 de noviembre de 2008
De vez en cuando se producen hechos poco transcendentes, pero muy significativos, que no son sino indicadores de los cambios en el pensamiento de la sociedad.
En tiempos ya muy lejanos, los curas tapaban las pantallas de los cines cuando el protagonista besaba a la chica. El sexo no exitía. Los matrimonios no lo necesitaban. Eran parejas perféctamente asexuadas que vivían, sufrían, gozaban y se miraban con arrobo. Con arrobo, pero sin sexo. La censura llegó a convertir una infidelidad en un incesto (Mogambo). La ridiculez con la que vemos a los censores desde nuestro pensamiento actual, no debe empañar lo ponzoñoso de su actuación. Revistas, periódicos, productores, sufrían economicamente los caprichos de los guardianes de la moral imperante.
Las croquetas de “mi Puri”, no deja de ser sino una versión actualizada del regreso de los censores. Ahora ya ni siquiera se ocultan tras un anónimo funcionariado. No. Se denuncia en el Parlamento por una diputada del PP, y es inmediatamente secundado por el PSOE y resto de grupos. Tal para cual.
Los matrimonios actuales –lo siento, la gente sigue casándose- ya pueden tener sexo. Hasta la COPE tiene un consultorio sexual, pero ya no cocinan. Las mujeres hoy pueden ser ejecutivas, banqueras, sexadoras de pollos y hasta putas, pero no cocinan. La nueva moral permite las fellatios, el sexo anal, los tríos, el lesbianismo, el fetichismo, la homoxesualidad masculina, y cualesquiera relaciones entre adultos sin sonrojo. Pero no que una mujer cocine, y además lo haga para su marido. Este es el quid de la cuestión.
Lo verdaderamente inmoral en nuestros días, es que la Puri haga unas croquetas que te mueres. Eso es inmoral. Es una agresión intolerable. Un ultraje al sentido feminista de la sociedad, que debe ser erradicado, censurado, borrado de un plumazo, eliminado de cualquier medio de comunicación ya sea eléctrico, electrónico, prensa escrita, radio o televisión. La moral imperante así lo exige.
No se si resulta más aterrador que la propia censura, la falta de críticas del resto del arco parlamentario. Si el PSOE no recrimina al PP por la chorrada de solicitar la eliminación del anuncio, es porque piensa hacer lo propio cuando le convenga. Y lo mismo le pasa al resto de políticos casposos que padecemos.
Dentro de unos años, alguien verá a esta clase política vetusta, anclada en el 68, que compiten por ser los más progres, y feministas, mientras censuran anuncios de croquetas. Y sonreirán. Pero no debería empañar lo ponzoñoso de su acción. Lo sufrimos todos.
miércoles, 4 de junio de 2008
Fe-de-ri-co. Estoy sonriendo.
Ahora que estamos en plena campaña de desgaste a Federico, recuerdo lo que escribí tras la presentación en Mollet, en enero del 2006, del partido Ciudadanos C's:
Tuve la suerte de asistir con mi esposa a la presentación que realizó Ciutadans de Catalunya en Mollet el pasado día 25 de enero. Me gustó mucho entrar rodeado de Mossos y Municipales. Hacía mucho tiempo que no veía algo parecido. Y sí. También eché de menos –un poquito- a esos “simpáticos” maulets de camisa parda.
Ana Nuño, Francesc de Carreras y Albert Boadella realizaron sus discursos con los que no puedo estar más de acuerdo. Cada uno con su estilo y brillantez característica. No obstante, tras las exposiciones surgió el coloquio. Y en el coloquio la controversia.
Parece que muchas de las personas que asistieron siguen teniendo pavor a ser llamados “fachas”. Lo siento por ellos. No se dan cuenta que es poco precio, por disentir del pensamiento único en Cataluña. Por supuesto que es molesto, falso, insultante, ridículo, demagógico, y todo lo que se quiera. Pero te lo van a decir igual, porque te alejas de su pensamiento. Ya lo narró magistralmente Boadella, cuando nos contó lo de la pintada del teatro de Figueras, y por qué nadie se atreve a borrarla. Qué te llamen facha, es lo menos malo que puede ocurrir. Me niego a estar a la defensiva por ello. Debe perderse el miedo a que te llamen facha. Te lo van a llamar igual en el momento en que les contradigas.
A mi, por ejemplo, no me avergüenza defender a
Animo también a los intelectuales del movimiento cívico a que, aunque piensen retirarse lo antes posible –casos de Boadella, y de Nuño- por favor, no lo digan. El efecto que produce el anunciar que uno se quiere ir antes de que eche a andar el recién nacido, es desagradable, sugiere falta de compromiso con los asistentes. Aunque todos sepamos que efectivamente, los artistas volverán a sus teatros, y los profesores a sus cátedras, y os agradezcamos enormemente que ahora nos dediquéis –os dediquéis- vuestro tiempo. No es el momento de decir que uno se irá pronto. No hace falta decirlo. Todos lo sabemos.
Cuando el socialismo abraza la democracia produce espacios socialdemócratas. Todos somos socialdemócratas. Incluso el PP es socialdemócrata (ya ni siquiera es democristiano) en cierto sentido. Si se pretende acudir a unas elecciones ¿Se está dispuesto a renunciar a los votos de esos sectores? ¿No les gustaría llegar a una entente cordiale con Vidal Cuadras? A mí, desde luego que sí.
Pero cuando el socialismo se confabula con el nacionalismo, produce los monstruos que algunos eufemísticamente denominan “social-nacionalismo”, y que no es otra cosa que “nacional-socialismo” químicamente puro. El ideal nacional justificado por lo social desemboca en totalitarismo. En fin, aquí hay tema para una Tesis. Por supuesto es sólo una opinión. Pero que se ajusta a la realidad actual como un guante a una mano. ¿No estamos dispuestos a entender y aceptar a “fachas” como yo? ¿Tendré que elegir entre vosotros y Vidal Cuadras? Vidal gana de calle. Lleva diciendo lo mismo que vosotros mucho más tiempo. Le ha costado “destierros” y el hombre sigue diciendo lo mismo. No se atreven a defenderlo ni en el PP, donde ponen a un nacionalista descafeinado como Piqué.
¿Queréis mi voto?
Esta es la cuestión.
Compartimos agravios. ¿Compartimos soluciones?
Seguiré pendiente de vuestras presentaciones, y quizás acuda a alguna otra. Ya se que en los medios catalanes no saldréis mucho. Y a la hora de votar, me lo pensaré.
Un saludo y muchas gracias. Gracias por vuestra opinión. Gracias por atreveros a decirla.
domingo, 1 de junio de 2008
Textos prohibidos (01)

Frente a las intimidaciones islamistas ¿Qué debe hacer el mundo libre?
Las reacciones suscitadas por el análisis de Benedicto XVI sobre el Islam y la violencia se inscriben en la tentativa llevada por este Islam de asfixiar lo que Occidente tiene por más precioso que no existe en ningún país musulmán: la libertad de pensar y de expresarse.
El Islam trata de imponer a Europa sus reglas: apertura de las piscinas a ciertas horas exclusivamente a las mujeres, la prohibición de caricaturizar esta religión, la exigencia de un tratamiento dietético particular de los niños musulmanes en las cantinas de los colegios, la lucha para llevar el velo en la escuela, la acusación de islamofobia contra los espíritus libres.
¿Cómo explicar la prohibición del tanga en las playas de París, este verano? Extraño fue el argumento dado por anticipado: el riesgo de “disturbios del orden público”. ¿Significaba esto que bandas de jóvenes frustrados corrían peligro de volverse violentas a la fijación de la belleza? ¿O bien temíamos entonces manifestaciones islamistas, vía brigadas de la virtud, en los accesos de las playas de París?
Sin embargo, la no-prohibición de llevar el velo en la calle es, a causa de la reprobación que este sostén de la opresión contra las mujeres suscita, más propenso a “enturbiar el orden público” que el tanga. No está fuera de lugar pensar que esta prohibición se traduce en una islamización de los espíritus en Francia, una sumisión más o menos conciente a las imposiciones del Islam. O, al menos, que resulta de la insidiosa presión musulmana sobre los espíritus. Islamización de los espíritus: hasta los que se alzaban contra la inauguración de una Plaza Jean-Paul-II en París no se oponen a la construcción de mezquitas. El Islam intenta obligar a Europa a plegarse a su visión del hombre.
Así como antaño con el comunismo, Occidente se vuelve a encontrar sometido a una vigilancia ideológica. El Islam se presenta, a la imagen del difunto comunismo, como una alternativa al mundo occidental. A ejemplo del comunismo de otro tiempo, el Islam, para conquistar los espíritus, juega sobre una cuerda sensible. Se jacta de una legitimidad que enturbia la conciencia occidental, atenta al otro: ser la voz de los pobres del planeta. ¡Ayer, la voz de los pobres pretendía venir de Moscú, hoy vendría de
En la apertura al otro, propia de Occidente, se manifiesta una secularización del cristianismo, de la que el fondo se resume así: el otro debe siempre pasar delante de mí. El occidental, el heredero del cristianismo, es el ser que pone su alma al descubierto. Toma el riesgo de pasar por débil. Al igual que el difunto comunismo, el Islam tiene la generosidad, la apertura del espíritu, la tolerancia, la dulzura, la libertad de la mujer y de las costumbres, los valores democráticos, como señales de decadencia.
Estas son debilidades que quiere explotar por medio de “idiotas útiles”, las buenas conciencias imbuidas de buenos sentimientos, con el fin de imponer él mismo la orden coránica al mundo occidental.
El Corán es un libro de inaudita violencia. Maxime Rodinson enuncia, en
De hecho,
Ninguna de las faltas de
El recurso a Mahoma, al contrario, refuerza el odio y la violencia.
Jesús es un maestro del amor.
Mahoma un maestro del odio.
La lapidación de Satán, anualmente en
Esta lapidación, acompañada anualmente de la muerte por pisoteo de algunos fieles, a veces de varios centenares, es un ritual que alimenta la violencia arcaica.
En vez de eliminar esta violencia arcaica, de imitar el judaísmo y el cristianismo, neutralizándolo [el judaísmo comienza con el rechazo al sacrificio humano, es decir, la entrada a la civilización, la cristiandad transforma el sacrificio en
El odio y la violencia habitan el libro dentro del cual todo musulmán es educado, el Corán. Como en los tiempos de
Robert Redeker
Le Figaro 19/09/06

